13 abril 2005 |
Treinta metros cuadrados |
Yo siempre he sido un ferviente partidario del despotismo ilustrado y la vanguardia del proletariado. No tengo ninguna duda de que las autoridades saben lo que nos conviene a los ciudadanos mucho mejor que nosotros mismos, y por tanto van a conducirnos inexorablemente hacia la felicidad aunque la gente tarde en comprender los medios y estrategias. De modo que, aceptando mi ignorancia, mi pequeñez y mi volubilidad, voy a estrujarme cuanto pueda para meterme en una vivienda de treinta metros cuadrados, aunque el 85% de los españoles, según los primeros sondeos, lo considere humanamente imposible. “La dignidad no se mide en metros cuadrados”, se ha apresurado a pontificar la ya apodada ministra de la Colmena, quien, por cierto, ha medido sus palabras hasta el último adjetivo, porque decir que la dignidad no se mide en metros, a secas, habría despertado en la peña inquietantes asociaciones mentales. Más o menos como las que habrá inspirado la noticia a Ángel Villalba, cuyos correligionarios de Madrid, siempre dejándole en mal lugar, han convertido de repente las viviendas de 60 metros cuadrados que ofrece la Junta de Castilla y León en coquetos palacetes. A la puerta de la casa de los pitufos nos agolparemos sin duda muchos jóvenes sin techo que no hemos sabido compensar tal carencia con los arrestos necesarios para hacernos okupas o terroristas suicidas. Ya conocemos de otras ocasiones que la esencia se vende en frascos pequeños y el tamaño no es lo que importa. Como no había trabajo, se recortaron los contratos; como tampoco hay suelo, se recortan las viviendas. Así todos mojamos un poquito y tan contentos. Álvarez Cascos dijo una vez con una lógica aplastante que si la gente seguía comprando casas, era porque podía permitírselo (si hubiera puesto la barra de pan a mil duros habría sacado la misma conclusión). Ahora María Antonia Trujillo deducirá que si compramos estos pisos será porque cabemos. ¿Cómo no vamos a caber? De lujo, en unos apartamentos casi ocho veces más grandes que el que tuvo Ortega Lara. Yo ya me he puesto a pensar en la distribución de mis treinta metros gananciales. Si, en el fondo, la vida es muy sencilla. Vale con un metro cuadrado para poner la tele y otros cuatro para instalar una cocina arregladita en la que ella pueda moverse con comodidad, “porque, cariño, es evidente que aquí no cabemos los dos”. Y, si algún día estallan las tensiones que inevitablemente genera la convivencia, pues bueno, ahí tendremos nuestros treinta metros cuadrados, que es lo que mide un ring de boxeo.
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Referencias y contextualización La ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, avanzó el lunes11 la posibilidad de acometer el problema de la vivienda ofreciendo pisos de treinta metros cuadrados para jóvenes. Ante las inmediatas críticas de quienes juzgaban que unos apartamentos tan reducidos no eran una vivienda digna, replicó que "la dignidad no se mide en metros cuadrados". Años atrás, el ex ministro de Fomento del PP Francisco Álvarez Cascos comentó una vez que si las viviendas estaban tan caras es porque la gente podía pagarlas. La Junta de Casilla y León, por su parte, había ofrecido varios meses antes que Trujillo apartamentos de 60 metros cuadrados. Ángel Villalba es el secretario general del Partido Socialista de Castilla y León. José Antonio Ortega Lara estuvo secuestrado por la banda terrorista ETA durante 532 días a partir del 17 de enero de 1996, en un zulo de cuatro metros cuadrados .. Un ring de boxeo homologado puede medir entre 17 y 36 metros cuadrados. |
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